lunes, 19 de julio de 2010

Nacimiento

Un coágulo blanco en el lenguaje, puntos que suspenden otros puntos hasta que cualquier palabra llene el mundo de expectativas, la profecía se repite por años para no ser cumplida. Desde este margen se han intentado todos lo conjuros conocidos, la lluvia suspendida entre los cables, el frío en las baldosas de julio y una noche cualquiera deletreada en sus semáforos. Cada parte apunta al cuadro de este hombre frente a una mesa rodeado de hojas, la imagen es un torrente detenido.

A fuerza de repetirse el punto suelta una pequeña raíz, un paréntesis que comienza a derramarse del círculo perfecto.

Ruido de piedras el movimiento.

Espumas y ramas este río verde.

Los muertos también se agitan en el agua,

poeta es quien flota a la deriva.

Por ese mismo impulso los signos en las hojas cobran sentido, animales de papel que sobre el territorio de esta mesa vibran en la luz, los trazos se disuelven y la tinta es lo que late entre los vértices.

El silencio, que también es blanco, está hecho de tiempo, horas acumuladas en callar lo esperado, dentro de su sueño cada sílaba de papel regresa a su sonido.

Marcos Cáceres, “El mar y otras conjeturas”, Santiago del Estero, 2009.