domingo, 15 de junio de 2008

Relojes 1

Sus piernas en el agua y bajo el caldo verde, el brillo en el lomo de los peces, voracidades plateadas encarnándose en los pelos, el abrazo de la arena en sus raíces.El paisaje de la costa se disuelve en las orillas hasta él,
inútil faro con el agua hasta el pecho,
que piensa en la piedra celeste,
en los hombros de Atlas,
en el cansancio de permanecer.
Miedo de que la balanza improvise este nuevo equilibrio,
vértigo en las variaciones del ocaso.

La tierra enjuga su gravedad,
los dedos descubren los siglos en el caparazón de la tortuga,
Atlas se reconoce y lamenta,
la noche se aplasta y rueda por suelo.
De pronto la realidad se resume en el sumidero de un dialogo binario.
Cuando cese la imaginación toda imagen habrá concluido.Casi siempre un dorado oportuno suena en el agua,
ruido de palmas intermitentes que lo devuelve a la siesta,
al rigor de su línea que divide la corriente,
al tiempo que aún empuja este río de plomo.

Marcos Cáceres, Tiempo teóricamente, Villa Silípica 1999