sábado, 6 de diciembre de 2008

Escenario 2

El ojo idiota le hace un guiño y en la ventana cambia el paisaje. Confundido por el ruido y el entusiasmo de las luces trata de abrirse paso entre los papeles picados y las serpentinas sucias del otro carnaval. La belleza en este show es un culo sagrado, dice la voz en off de su cabeza, arriba cruzan escotes en vuelo rasante. Baila un poco, se ríe, pasa prendido de una cintura, hacia arriba y hacia abajo se resuelve la modelo, el locutor gangoso dicta un nombre cuando aparece un envoltorio brillante.
Se cansa y cambia el paisaje esta vez en el vuelo del papel picado. Se reconoce en el color de la tribuna. Una pelota inquieta casi viva, salta de hombre en hombre hasta caer en la red, cielo de papeles blancos sobre los carteles, uno de los hombres festeja frente al lente, en ese grito va él.

Pausa, una dieta de yogures y escatología en tránsito lento.

Con un dedo y un control se puede cambiar el horizonte, de pronto está tirado en cualquier calle, atragantado de miedo bonaerense, el cuerpo ahí como un muñeco manchado y blando, las cámaras parpadeando al rededor, un mundo con muerte y sin moscas y el cielo estará nublado dice el pronóstico del tiempo.

Marcos Cáceres, Plasma, miasma y otras sustancias

sábado, 15 de noviembre de 2008

Escenario 1

Moretones y manchas, la resaca es lo que siente la red que sujeta mi cerebro, el resto es la memoria y sus esquirlas. Desde su raíz cada cosa nace improvisando, aprende a resolverse en bosque o en horizonte, cada lápiz promete un boceto que nunca será terminado. La espuma crece hasta el borde del vaso, la televisión nos dijo que eso era bueno y que la sed es lo que transpira del otro lado del vidrio._._._._._. Hay días en que le creo, días en que bebo la espuma de las orillas, días en que el río se cuela por todas partes, tras la puerta del ropero, entre los muñecos de plástico de mi infancia, dentro de mis botellas como un viajero verde, volcánico, paciente. Lo que me ha sido dado son las imágenes, la memoria inmediata del detalle, sentidos confundidos en un mismo cuadro, mientras la escena cambia a cada instante._._._._._. Antenoche las hormigas comenzaron una colonia en mi cuarto, bajo una silla, entre la ropa sucia, un mundo reciente: dos días de luz artificial, de noche con paredes, un lenguaje acordado a este nuevo territorio, la cercanía como acumulación, cuerpos inquietos en rojo, antenas y alas desproporcionadas bajo el cielo de mi ropa arrugada._._._._._. La lata está fría, cuando la agito siento que el río se inquieta en su interior, con la lluvia del aerosol altero la composición del paisaje para crear esta postal que dura en mi recuerdo aun después de que la escoba se ocupa de arrastrar los cuerpos. Marcos Cáceres, "The measure of civilization"

lunes, 25 de agosto de 2008

Postrimerías


"El que pierde palabras tiene los días contados"
Jorge Boccanera
Él ordenaba sus papeles, algunas notas con vagas referencias de tiempo y lugar según la posición de los astros o el zumbido de la electricidad adentro de las paredes. La búsqueda se inició hace tanto que adoptó la costumbre de señalar los límites en su cuaderno de ruta. Ella dormía, su desnudez ordenaba las sombras de la habitación, las sábanas un mar apagado en lento vaivén, rastros de sal en su cintura. Él escribió la palabra noche y luego un punto (.) El oscuro horizonte es una pantalla azul donde la luz se escapa en los faros de los autos. Luego la palabra calles y la súbita boca de una alcantarilla abierta donde el paisaje se derrama esquina por esquina. El cuaderno de brazos abiertos, inquieta invitación al rastro, formula y reformula los términos de esta capitulación. Ella inmóvil en su mínima marea, no sabe que la soledad sucede en la línea punteada del mapa, seis pasos de la mesa hasta la cama.
Quiso escribir viento y el vértigo le secó las hojas (aunque la tinta aún sigue fresca), el amor es un borrón en cursiva, repitió, insecto sonoro que aletea y se retuerce vanamente entre los dedos, gota de mercurio que navega, torrente abajo de su sangre, buscando corazón, cerebro o páncreas.
Íntimas grietas y oscuras endorfinas, ruidos de selva en los rincones de su cuerpo.
La lapicera tartamudeó la última línea
"- dos – tres".
La silla caliente se aleja tres pasos mientras el hombre cuenta en silencio.
Marcos Cáceres, "John Polaroid, biography of an instant"

domingo, 15 de junio de 2008

Relojes 1

Sus piernas en el agua y bajo el caldo verde, el brillo en el lomo de los peces, voracidades plateadas encarnándose en los pelos, el abrazo de la arena en sus raíces.El paisaje de la costa se disuelve en las orillas hasta él,
inútil faro con el agua hasta el pecho,
que piensa en la piedra celeste,
en los hombros de Atlas,
en el cansancio de permanecer.
Miedo de que la balanza improvise este nuevo equilibrio,
vértigo en las variaciones del ocaso.

La tierra enjuga su gravedad,
los dedos descubren los siglos en el caparazón de la tortuga,
Atlas se reconoce y lamenta,
la noche se aplasta y rueda por suelo.
De pronto la realidad se resume en el sumidero de un dialogo binario.
Cuando cese la imaginación toda imagen habrá concluido.Casi siempre un dorado oportuno suena en el agua,
ruido de palmas intermitentes que lo devuelve a la siesta,
al rigor de su línea que divide la corriente,
al tiempo que aún empuja este río de plomo.

Marcos Cáceres, Tiempo teóricamente, Villa Silípica 1999

sábado, 3 de mayo de 2008

T.S.O.T.

La verdad es esta, (D)ios, cansado de ser el (V)erbo que sólo conjugan los hombres optó por una de las numerosas formas del suicidio y se retiró al vacío de su creación. Sólo quedó la palabra, directa flecha que indica y dibuja los caminos de la nada. Un hombre que escribe es un (d)ios que juega a perderse en su obra. ¿Será necesario disfrazar los fantasmas? La vida es una sola noche repetida en el espejo de los otros, por la hendidura de un libro se ilumina la promesa de una huida. ¿Cómo confundir entonces la biblioteca con llave o salida de emergencia si en las hojas se repite el fugitivo? Si es en verdad como supone el hijo que cuando fuera grande quería ser escritor y (D)ios ha abandonado su obra para que ésta pueda crear y que ese invento, ese cuento mal contado que somos, reclama que (É)l regrese a borrarnos, a arrancar la última página y comprimirla hasta sentir la resistente fuerza de una hoja de papel, pocas oraciones podrán salvarnos.
El mundo se acaba cuando el (e)scritor desconfía de su obra, cuando su primera inocencia parece una ingenuidad sin preguntas, reconoce demasiados recursos repetidos, lo confunden los contornos de la retórica, entonces decide, como siempre, lo más justo y razonable, deshacer su obra, crear un (u)niverso que no conozca el espacio que ocuparon las cosas en un mundo anterior a su sueño y su imposible memoria.
Fotografía final del paisaje:
El cielo circular apenas iluminado en sus bordes,
noticias de luz
desde el fondo del tacho.

Marcos Cáceres, “Genetic Apocalypse y otras leyendas del videojuego” Iruya, diciembre de 2001.

De los diversos usos de la ciencia forense

Llegar al hueso gastado de la verdad y arrojarlo al cielo, que la noche cambie las ciudades en ese vuelo, en la estela blanca que cae, en el sonido que anticipa la tierra reseca. Desde aquella mesa entre las bocas concéntricas de las vetas de la madera, hasta el margen de las hojas, de la lapicera que gasta su vida en estas líneas. La cabeza del hombre pende de otros hilos, de cansados mecanismos que no saben detenerse, una línea que se extiende marca la pared de la habitación y eso es el horizonte, desde ahí nacen calles y tapias que se dibujan por ese mismo pulso.
La soledad sigue siendo el deporte nacional en estos cuartos,
destreza del miedo financiado en cuotas,
circo de monos solos que se buscan
unos
____a
otros
para escrutarse los piojos.
Un resabio primitivo casi solidario,
de lenguas que liban heridas
áridos venenos dulces.
Con la punta azul la línea que se extiende, levantar el trazo del papel y mirar con fingido entusiasmo el techo en el cielo de la hoja y con estilo bien estudiado y conciente del hambre de las cámaras arrojar al aire la lapicera.

Marcos Cáceres, “Esto no es 2001 Odisea en el espacio y otros cuentos”, San Pedro de Guasayán 1969.