lunes, 30 de julio de 2007

Instrucciones al dorso

Sin mover los pies del plato, ni alterar las exactas geometrías, te piden que respires por el bozal precario que son las grietas de tu máscara, que aprendas a medir distancias entre tus manos y el mundo, mientras asimilas lentamente los relieves de una ciudad que te devora a diario. No importa cómo suene tu voz en este grito, ni cuántas noches de insomnio te dejen el corazón sombrío, lo único imperdonable es dudar de lo aprendido. Sabes combinar la moda con tus apetitos, acomodar prolijamente tus placeres en los casilleros del calendario. Así todo debería seguir funcionando. Con tus nervios adormecidos, con un lucro prudente pero carnívoro, te pones a buscar los papeles que te devuelvan el nombre y el número que ocupas en este circo. Te piden exacto el parlamento, que las líneas te crucen la memoria, que sea imperceptible, todo lo necesario para que disfraces el miedo primitivo. Con estas precauciones será improbable que intentes indagar al espejo, que te mires en los ojos del centinela ciego. De cara al vacío, con una mueca inútil, la resignación es una blanca bandera entre tus dientes.


Manuel Traveller, La sintaxis y otros límites, Buenos Aires 1953.