martes, 22 de mayo de 2007

Rituales paganos

Mordido por la dicha a la hora exacta en que el día se ha vuelto una sonrisa de mandibulas apretadas. Algunas polillas aprendieron a caer en su mesa cuando enciende los restos de su gracia y encuentra al entusiasmo mordiéndole la botamanga de su pantalón. Nadie debería creer en la rigidez de su tedio, nadie debería tratar de despegar su estampa de la mesa del bar. A todo momento le parece estar masticando el cartílago triste de la belleza, mientras golpea brutalmente los parches de su tambor ceremonial.
En el fondo enternecen las torpes representaciones de su sombra, los autorretratos de espaldas al espejo. Lleva su herida como un estandarte, como un oscuro privilegio de estos días. Una incomoda nariz va formando el disfraz y se agita, se conmueve y parpadea. Se equivoca en el tiempo, la síncopa de su corazón lo distrae, transpira y es un solo músculo que se contrae y se pierde, el movimiento es el idioma del parche, de su mano que asfixia los palillos de madera. Todo náufrago guarda una convulsión secreta, la memoria de los maderos, la soledad del sobreviviente. Termina la canción ritual y solo, con su frente bien peinada, presiente un mundo tan obvio.
Cada tanto una mosca se posa en su llaga a libar sus venenos, entonces la figura se completa y no hay distancia entre él y cualquier otro Cristo.

Luis Pereda, Memoria del suburbio, Buenos Aires 2007

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo entiendo, y seguro que él también lo entendería. Ahora, no se si lo hubiera entendido, si no me lo hubieses contado antes. En fin...

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Polaroid dijo...

Yo también me preguntaba si no actualizas más...


abrazos.

Paz.-