jueves, 3 de mayo de 2007

Nota Nº 10

Han sido días extraños, el sol aprendió a concentrar su pulso contra las tapias, mientras los árboles arrastraban sus brazos cansados. Le crecieron canas a los pelos de mi lengua y un ojo inquieto comenzó a asomar por cada cerradura. He revisado mis hojas, mis cuadernos de bitácora, todo el intrincado mapa de signos en el Libro del poeta y aun hoy no puedo comprender los motivos de estas tardes de verano. Con un vacío simétrico corriéndole por la espalda, enero parece ya haber ocurrido en el paréntesis de los días. Siempre hay gorriones en los edificios públicos que compensan el silencio de las oficinas, siempre hay golondrinas que disputan el vértigo de las antenas. Yo llevo una nube atada a la sien que se enreda en los cables cuando entro a los cafés, que visita a las mujeres que fui perdiendo, que se oscurece de torpes ontologías y se conmueve, pero aun así no sabe llover sobre mis pasos. La ciudad vacía es un animal sin misterio, un ciego que se repite en los espejos y piensa que no está solo. En días como estos es recomendable tener algo que sostenga estos huesos, no la memoria, sino la lluvia, la sed, los caminos...
Sin embargo el calendario desploma días idénticos ante mis ojos, mientras que en la mesa duermen las palabras con las que mido el tiempo.
Ossip Gregorovius, Cuadernos de París

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Visitame.
Tengo paraguas, y un vaso con agua si lo precisas.
F.

belenchus! dijo...

Felicidades por la lectura de la nota :D

SAUDADES!!!

Fantastico el ensayo de los redondos!!!!!!