viernes, 20 de abril de 2007

Estudio de Caso Nº 10

El espécimen se inquieta en jornadas como ésta, muerde los barrotes de su jaula, escupe sobre los diarios que le sirven de alfombra. Al principio pensamos que le favorecería el ayuno y la soledad, que no sería otra cosa más que pura eugenesia la calma de este encierro. Pero los últimos días han demostrado lo contrario. Cree que su corazón es un músculo ágil, le llama libertad a los tropiezos del tedio y en las siestas de incesantes soles se pone a contar las sílabas de la palabra futuro.
Repite que es tarde para los rituales,
que unas manos amarillas,
que el borde de la boca,
que la media luna de piel del escote,
se parecen a la patria.
Habíamos tratado de mantenerlo alejado de las ventanas y así logramos que se entretuviera leyendo los signos de su alfombra. Cuando cree no estar bajo observación repite unos versos mecánicamente:
“Días así
de cansadas mariposas
de besos acalambrados
en la mitad de la noche...”

Clara B. de Lescano, Observación y diagnóstico en cautiverio, Buenos Aires 2015.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Licitaciones descabelladas perforadas por tu lectura. Prescindo del potasio de los plátanos.