miércoles, 7 de marzo de 2007

Flores blindadas

Una gallina vuelve a herir con su pico la tierra, el golpe es certero y raudo, nadie advierte lo simple de esta supervivencia. En una pared hay gritos guardados que parecen tristes guiños de humo a tu conciencia, que esperan escarbar un poco más en tu costado. Mejor aprender a no perder las llaves ni el saludo, a sujetar bien fuerte el reloj en tu muñeca. Es importante delimitar cada sombra, poner las ollas en el punto exacto de la gotera, que el vértigo no desborde tu rutina por sus debajos. Histriónico pero sutil, el hombre del espejo cada vez ajusta mejor el nudo de su corbata, al poco tiempo no habrá más que acostumbradas certidumbres: el fin de mes, los días hábiles, un morbo que se encapricha y afina con el calendario.
Un gusano ciego se alimenta de tus hojas, corroe despacio los oscuros cimientos de tu memoria. Pasado un tiempo, inútil será cualquier ejercicio de la emoción. Cómodamente adormecido el día es algo que sucede entre dos ocasos.
Remo Erdosain, Nervaduras de cobre, 1945

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es exactamente el día de los simios, y olvide el moño en la cama, tenia que cargar tantas cosas, llevarme como dice Macedonio, a la punta del cerro mas alto y gritarme más fuerte que el ruido que me hacen aquí, en mi sitio, que por lo evidente de la situación ya no es mío. El mate es la medida de estos pensamiento, una sucesión de sorbos que no me llevan sino a otro sorbo, que estupidez..!. Lo pero de todo es que no soy el hombre del espejo, sino la corbata misma, no soy la pared que guarda gritos, sino los gritos mismos, tampoco la acostumbrada certidumbre sino los sucesivos pedazos con que el racionalismo enalteció a Descartes.
Talita.

Anónimo dijo...

Ida, camino con baches, espiritus adormecidos en movimiento, cinco; se encontraron con estas palabras, las que me tope minutos antes.
Escribe muy lindo, dijeron, muy bueno lo que escribe... Se quedaron callados, pensando supongo...
Yo, con una pizca de orgullo ajeno segui viaje.
F.