martes, 27 de febrero de 2007

Nota Nº 13

Mi ciudad ha sido devorada por las flores y hundida en un viejo silencio. No llegó de los miedos conocidos, no vino de la muerte perdurable. Nació de imprevisto en una confusa conversación en el bar, en el primer beso que me dio la lejanía.
La germinación no fue azarosa y los primeros en caer no fueron los poetas, tal como manda la literatura. Un ujier fue herido de un brote certero en la sien y cayó hecho racimo en la plaza. Una adolescente lo vio derrumbarse y sintió los temblores de una primavera trepándole hasta su boca, mientras un ramo de jazmines se asomaba por su falda. Un notario que fumaba flores cayó de bruces ante un poema con un puño rosado creciéndole en el pecho.
Durante un tiempo no se tuvo más que colores y perfumes. Con cierta perplejidad comenzamos a extrañar la indecisión de los grises, la aridez del marrón, la perfección del negro. La belleza comenzó a crecer en la basura, entre algodones sucios y vidrios rotos.
Yo comencé a mirarme los ojos en un espejo de barro, hasta torcerme el tallo como un narciso ciego.

Ossip Gregorovius, Cuadernos de Paris.

1 comentario:

Anónimo dijo...

avistandome con esas palabras, puestas por vos o hechas poner.
Espero grabar una tapa.
sos imprescriptible