miércoles, 28 de febrero de 2007

Ars poetica

La hoja en blanco obliga a la primera palabra, luego todo será como fue previsto. Afuera la ciudad tejerá los hábitos del domingo y organizará opacas ceremonias. Piensa en los rituales imaginarios, piensa en un altar de sacrificio. Un hombre que muere por la palabra comparte el vacío con aquel que apaga su propia vida, sólo los separa una obstinada inercia. Un hombre que ensaya su propia muerte termina por vencer a las palabras e interrumpe la oración antes de llegar al punto. El escribiente ha abandonado sus antiguas certidumbres, ha nublado cada límite de su territorio. Sólo queda el silencio como ámbito de toda música. Escribe las primeras lineas con palabras gastadas, el papel no las tolera, tacha y comienza de nuevo. Intenta un recuerdo que prometa un origen, la piedra donde fundar un templo. La tinta le mancha las manos cuando siente cada verbo. Piensa que la libertad es el descuido de un centinela ciego. El escribiente retoma un verso olvidado, une con una linea punteada una oración con otra, juega a dejar rastros en el papel, la velocidad de una espiral en pleno vacío. El hombre se ha perdido en la boca de una mujer que no existe, en el olor de la lluvia sobre la piel de las ciudades. El procedimiento debiera ser simple, primero un pie y luego el otro, más tarde el vértigo necesario. El hombre caerá al suelo antes de que el poema esté terminado.
Carlos A. Daneri, La ubicuidad de la piedra, Buenos Aires 1938

1 comentario:

corsario dijo...

La distancia entre el escribiente y la poesía crece con cada trazo. Más tinta sobre un papel bulímico. Menos tiempo dentro de ese tintero.Ella emerge allá distante, y solo se la puede ver cuando no se quiere ver. El día finge ser noche y la noche no puede fingir. El escribiente se transforma en sí mismo y Kafka lo ha anticipado.
No se ha bañado ni una vez en el mismo río, ese espejo no la ha visto, esa sombra aún lo espera.
La muerte es dos veces la vida, y la memoria lo ajusticia sin opción.
Un combate de dos iguales y antagónicos idénticos lo habita, y de su agobio destila la mayor intención...el ser lo que es, sin saberlo.
El escribe. El es eterno,porque la poesía lo implementa.
Esa muerte, merece ser vivida!!