lunes, 19 de julio de 2010

Nacimiento

Un coágulo blanco en el lenguaje, puntos que suspenden otros puntos hasta que cualquier palabra llene el mundo de expectativas, la profecía se repite por años para no ser cumplida. Desde este margen se han intentado todos lo conjuros conocidos, la lluvia suspendida entre los cables, el frío en las baldosas de julio y una noche cualquiera deletreada en sus semáforos. Cada parte apunta al cuadro de este hombre frente a una mesa rodeado de hojas, la imagen es un torrente detenido.

A fuerza de repetirse el punto suelta una pequeña raíz, un paréntesis que comienza a derramarse del círculo perfecto.

Ruido de piedras el movimiento.

Espumas y ramas este río verde.

Los muertos también se agitan en el agua,

poeta es quien flota a la deriva.

Por ese mismo impulso los signos en las hojas cobran sentido, animales de papel que sobre el territorio de esta mesa vibran en la luz, los trazos se disuelven y la tinta es lo que late entre los vértices.

El silencio, que también es blanco, está hecho de tiempo, horas acumuladas en callar lo esperado, dentro de su sueño cada sílaba de papel regresa a su sonido.

Marcos Cáceres, “El mar y otras conjeturas”, Santiago del Estero, 2009.

domingo, 16 de mayo de 2010

Poesia circular

Sutil pero concreta
Una pulsión que trepe por los dedos
hasta tu lengua
un malestar preciso
constante
Abolir de inmediato todo otro tipo de trance
que la carne nos guarde ateridos
que nos cierre la piel el horizonte
las ideas suceden en cadena
como violentos puntos de una línea
un ansia cardinal nos divide el paisaje

Yo lanzo mis flechas al cielo de esta noche
y espero
El día beberá de los pájaros abatidos

Las palabras que desentierro
no tienen fin
tampoco origen
la sed que las busca es parte del mecanismo.

Marcos Cáceres, “La palabra y el síntoma”.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Escenario 2

El ojo idiota le hace un guiño y en la ventana cambia el paisaje. Confundido por el ruido y el entusiasmo de las luces trata de abrirse paso entre los papeles picados y las serpentinas sucias del otro carnaval. La belleza en este show es un culo sagrado, dice la voz en off de su cabeza, arriba cruzan escotes en vuelo rasante. Baila un poco, se ríe, pasa prendido de una cintura, hacia arriba y hacia abajo se resuelve la modelo, el locutor gangoso dicta un nombre cuando aparece un envoltorio brillante.
Se cansa y cambia el paisaje esta vez en el vuelo del papel picado. Se reconoce en el color de la tribuna. Una pelota inquieta casi viva, salta de hombre en hombre hasta caer en la red, cielo de papeles blancos sobre los carteles, uno de los hombres festeja frente al lente, en ese grito va él.

Pausa, una dieta de yogures y escatología en tránsito lento.

Con un dedo y un control se puede cambiar el horizonte, de pronto está tirado en cualquier calle, atragantado de miedo bonaerense, el cuerpo ahí como un muñeco manchado y blando, las cámaras parpadeando al rededor, un mundo con muerte y sin moscas y el cielo estará nublado dice el pronóstico del tiempo.

Marcos Cáceres, Plasma, miasma y otras sustancias

sábado, 15 de noviembre de 2008

Escenario 1

Moretones y manchas, la resaca es lo que siente la red que sujeta mi cerebro, el resto es la memoria y sus esquirlas. Desde su raíz cada cosa nace improvisando, aprende a resolverse en bosque o en horizonte, cada lápiz promete un boceto que nunca será terminado. La espuma crece hasta el borde del vaso, la televisión nos dijo que eso era bueno y que la sed es lo que transpira del otro lado del vidrio._._._._._. Hay días en que le creo, días en que bebo la espuma de las orillas, días en que el río se cuela por todas partes, tras la puerta del ropero, entre los muñecos de plástico de mi infancia, dentro de mis botellas como un viajero verde, volcánico, paciente. Lo que me ha sido dado son las imágenes, la memoria inmediata del detalle, sentidos confundidos en un mismo cuadro, mientras la escena cambia a cada instante._._._._._. Antenoche las hormigas comenzaron una colonia en mi cuarto, bajo una silla, entre la ropa sucia, un mundo reciente: dos días de luz artificial, de noche con paredes, un lenguaje acordado a este nuevo territorio, la cercanía como acumulación, cuerpos inquietos en rojo, antenas y alas desproporcionadas bajo el cielo de mi ropa arrugada._._._._._. La lata está fría, cuando la agito siento que el río se inquieta en su interior, con la lluvia del aerosol altero la composición del paisaje para crear esta postal que dura en mi recuerdo aun después de que la escoba se ocupa de arrastrar los cuerpos. Marcos Cáceres, "The measure of civilization"

lunes, 25 de agosto de 2008

Postrimerías


"El que pierde palabras tiene los días contados"
Jorge Boccanera
Él ordenaba sus papeles, algunas notas con vagas referencias de tiempo y lugar según la posición de los astros o el zumbido de la electricidad adentro de las paredes. La búsqueda se inició hace tanto que adoptó la costumbre de señalar los límites en su cuaderno de ruta. Ella dormía, su desnudez ordenaba las sombras de la habitación, las sábanas un mar apagado en lento vaivén, rastros de sal en su cintura. Él escribió la palabra noche y luego un punto (.) El oscuro horizonte es una pantalla azul donde la luz se escapa en los faros de los autos. Luego la palabra calles y la súbita boca de una alcantarilla abierta donde el paisaje se derrama esquina por esquina. El cuaderno de brazos abiertos, inquieta invitación al rastro, formula y reformula los términos de esta capitulación. Ella inmóvil en su mínima marea, no sabe que la soledad sucede en la línea punteada del mapa, seis pasos de la mesa hasta la cama.
Quiso escribir viento y el vértigo le secó las hojas (aunque la tinta aún sigue fresca), el amor es un borrón en cursiva, repitió, insecto sonoro que aletea y se retuerce vanamente entre los dedos, gota de mercurio que navega, torrente abajo de su sangre, buscando corazón, cerebro o páncreas.
Íntimas grietas y oscuras endorfinas, ruidos de selva en los rincones de su cuerpo.
La lapicera tartamudeó la última línea
"- dos – tres".
La silla caliente se aleja tres pasos mientras el hombre cuenta en silencio.
Marcos Cáceres, "John Polaroid, biography of an instant"

domingo, 15 de junio de 2008

Relojes 1

Sus piernas en el agua y bajo el caldo verde, el brillo en el lomo de los peces, voracidades plateadas encarnándose en los pelos, el abrazo de la arena en sus raíces.El paisaje de la costa se disuelve en las orillas hasta él,
inútil faro con el agua hasta el pecho,
que piensa en la piedra celeste,
en los hombros de Atlas,
en el cansancio de permanecer.
Miedo de que la balanza improvise este nuevo equilibrio,
vértigo en las variaciones del ocaso.

La tierra enjuga su gravedad,
los dedos descubren los siglos en el caparazón de la tortuga,
Atlas se reconoce y lamenta,
la noche se aplasta y rueda por suelo.
De pronto la realidad se resume en el sumidero de un dialogo binario.
Cuando cese la imaginación toda imagen habrá concluido.Casi siempre un dorado oportuno suena en el agua,
ruido de palmas intermitentes que lo devuelve a la siesta,
al rigor de su línea que divide la corriente,
al tiempo que aún empuja este río de plomo.

Marcos Cáceres, Tiempo teóricamente, Villa Silípica 1999